El caminar te hace vulnerable , la vulnerabilidad te regala humildad, la humildad te regala presencia, la presencia te regala plenitud !
manu mariño
Encuentros de corazón

Encuentros de corazón

Encuentros de corazón con Manu Mariño.

4 encuentros presenciales.

 

En lo alto del Monte de Santa Trega, Pontevedra (Galicia)

Un entorno espectacular para conectar con el sentido de la vida.

Encuentros con corazón de Manu Mariño es una invitación es que mediante el diálogo, la escucha y el silencio vayamos al encuentro del Ser que nos habita, pero que a veces el ruido que tenemos en nuestra vida cotidiana no nos permite reconocer. Un espacio abierto para todos aquellos que quieran compartir y que les apetezca escuchar y sentirse escuchados.

Son 4 encuentros presenciales de 3 horas cada uno. Una vez finalizados, cada uno de ellos, los participantes disponen de tiempo libre para realizar visitas al entorno si lo desean. El hotel está situado cerca unos parajes extraordinarios y de las bonitas poblaciones portuguesas como Caminha, Vilanova da Cerveira, Valença do Minho.

Fechas: 4, 5 y 6 de octubre

Encuentro presencial*, con opción residencial en el hotel o fuera de él.

Dónde: Santa Trega – Pontevedra

*La realización del retiro está sujeto a tener un mínimo de participantes en el mismo

Precio:

  • 4 encuentros* de 3 horas 160€
  • Alojamiento en hotel**:
    • Habitación individual con desayuno: 95€ (precio por persona)
    • Habitación doble con desayuno: 65€ (precio por persona)

*1 encuentro el viernes por la tarde, 2 encuentros el sábado (mañana y tarde) y 1 encuentro el domingo por la mañana.

**La reserva y pago del alojamiento se realizará directamente con el hotel.

Límite de pago de reserva del hotel 15 de julio.

La comida y la cena son libres de realizarlas donde el participante desee.

Para la reserva es preciso abonar 160€.  Se avisará para realizar el abono de la 2ª parte. Ver política de cancelación.

 

Facilita los encuentros manu mariño

Caminante.

Maestro de Meditación en la tradición budista teravada habiendo recibido la transmisión del Dharma de su maestro el Venerable Ajahn Dhiravamsa.

Imparte conferencias y facilita encuentros y Retiros de Silencio, Meditación, Mindfulness, Indagación.

Considera El Silencio como la práctica contemplativa Suprema.

Mediante el Silencio, la Escucha, indagación y Atención Plena invita a las personas a tomar conciencia de la importancia de escuchar y ser escuchados.


El Sentido de la vida

La vida en sí no necesita tener un sentido más allá de ser vivida y experimentada.

Considero que el sentido es vivirla sin más, sin querer que sea algo distinto, sin pretender trascender nada.

En realidad, si comprendemos profundamente, el sentido a la vida nos lo damos cada uno de nosotros.

Creer, tener esperanza, trascender son necesidades que ayudan a aliviar el sufrimiento humano.

Si no somos conscientes de para qué le damos sentido nos separamos de la experiencia y habitamos más en la proyección que en la realidad.

Tratamos de darle sentido a nuestra vida y esto nos separa de ella.

Tenemos la creencia de que darle sentido nos ayuda a vivir. Pensamos que nos puede aligerar el sufrimiento.

En mi experiencia no es así.

Cuando creamos vínculos con las personas, empezamos a crear un relato, una identificación, y es con ese relato con lo que nos relacionamos.

Con la vida sucede lo mismo: le vamos dando un sentido a partir de nuestras experiencias y creencias.

Cuanto más plenamente la vivo, menos sentido necesito que tenga. Porque el hecho de vivirla es todo su sentido. No perderme nada, estar presente a cada momento es más que suficiente.

No nos distraigamos buscándole el sentido. Vivamos cada momento sin necesidad de articular ninguna narrativa o relato más allá de la experiencia misma.

Si la experiencia es plena no requiere ningún refuerzo. Cada momento es único en sí mismo y no está ligado ni al anterior ni al siguiente más que por el relato que lo sostiene.

Quizás se anhelo de darle un sentido surge por la necesidad de mitigar nuestro sufrimiento. Cuando proyectamos al futuro no entramos en contacto con el sufrimiento presente y mantenemos la esperanza.

Cuando le damos un sentido a la experiencia de ser humanos, de estar vivos, en realidad nos estamos separando de ella.

Cuando estamos sumergidos en la experiencia, somos la experiencia. Ahí no hay ninguna necesidad de trascenderla ni de darle sentido. Simplemente se experimenta a sí misma.

Un árbol no piensa en darle sentido a su existencia, sencillamente crece y da fruto.

Somos nosotros quienes podemos decir que el sentido de ese árbol es darnos fruto y oxígeno. Sin embargo, se trata de una creación mental mía, algo que he creado y algo en lo que creo.

¿Quién es el yo que necesita darle sentido a la vida?

¿Quién necesita que la vida tenga un sentido?

Cuando le damos un sentido, la estamos limitando y nos separamos de la experiencia.

No obstante, no hay nada de malo en darle un sentido, siempre y cuando seamos conscientes de que se lo damos nosotros y de que no viene con la vida.

Del mismo modo, si bien mi Yo biográfico necesita tener un nombre, una profesión, una familia, un sentido, en el fondo sabemos que no somos lo que nos contamos acerca de nosotros mismos.

Poner la mirada en ese Yo ilusorio es darnos cuenta de qué somos en realidad: conciencia.

Sin principio ni fin, sin historia, siempre presente en este momento: la conciencia se experimenta a sí misma a través de nosotros, pero no necesita de nosotros para SER.

La conciencia ES.